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Durante más de una década, España parecía inmune a los casos de violencia islamista sucedidos en otros países europeos donde los jóvenes radicalizados —en su mayoría con antecedentes como inmigrantes pobres— perpetraron ataques devastadores con bombas, rifles o vehículos.

Las fuerzas de seguridad españolas tienen una buena reputación como operadores efectivos para el antiterrorismo, puesto que ese país es un atractivo punto de entrada para los yihadistas por su larga costa del Mediterráneo y la cercanía con Marruecos.

La ilusión de ser un lugar seguro ante el extremismo islamista fue destrozada el 17 de agosto pasado, cuando una camioneta aceleró sobre la Rambla de Barcelona y dejó a su paso un rastro de cuerpos: murieron 13 personas y más de 100 resultaron heridas. Otra persona falleció en un ataque posterior en Cambrils, al sur de la capital catalana, que terminó cuando la policía abatió a cinco presuntos atacantes que, a su vez, parece que formaban parte de una célula que usaba una residencia en Alcanar para fabricar bombas.

Ahora las autoridades buscan entender cómo fue que un grupo que incluía adolescentes sin antecedentes terroristas pudieron planear un ataque coordinado en un país que durante mucho tiempo había combatido los atentados de ese tipo de manera efectiva, pese a ser un blanco atractivo y simbólico para los islamistas.

“Para los yihadistas, España todavía está en la primera línea de ataque”, dijo Bruce Hoffman, profesor de la Universidad de Georgetown y experto en terrorismo e insurgencias.

El ataque en la estación de Atocha de Madrid en 2004 cobró la vida de 191 personas. Christophe Simon/Agence France-Presse — Getty Images

Desde el año 2004, cuando estallaron las bombas en la estación de trenes de Atocha en Madrid y murieron 191 personas, España ha frustrado una larga lista de tramas islamistas; incluso en la zona costera de Barcelona donde se perpetraron los ataques del jueves.

Han sido arrestados más de 700 sospechosos de extremismo, según el Ministerio del Interior de España. Esa lista incluye a paquistaníes que planeaban atentados suicidas en el metro de Barcelona en 2008; a una célula terrorista en el enclave de Melilla, al norte de África; y a nueve hombres en su mayoría marroquíes detenidos en abril por vínculos con los ataques de marzo de 2016 en el aeropuerto y metro de Bruselas.

El año pasado, las autoridades también frustraron un posible plan para atropellar a personas con una camioneta como había sucedido en Niza e interceptaron un embarque de 20.000 uniformes que iban dirigidos a yihadistas en Irak y Siria.

“Las autoridades españolas están en buena forma en toda Europa”, dijo Matthew G. Olsen, exdirector del Centro Nacional Antiterrorismo estadounidense. “Me da la impresión de que han sido muy exitosos al identificar e interrumpir ataques”.

Después del atentado de marzo de 2004 en Madrid, los españoles recurrieron a su experiencia de décadas de combate al movimiento separatista ETA y aprobaron una serie de leyes que ayudaron a desarticular las células radicales.

En abril, los Mossos arrrestaron a un hombre acusado de ayudar a milicianos islamistas. Josep Lago/Agence France-Presse — Getty Images

Sin embargo, a veces, la suerte influye en el antiterrorismo y, el 17 de agosto pasado, esa suerte se le terminó a España.

Algunos de los jóvenes involucrados en los ataques de Barcelona y Cambrils todavía eran adolescentes y los investigadores creen que llevaban una doble vida; a lo largo de un año planearon los atentados en la residencia de Alcanar.

Fue un recordatorio del reto que enfrenta Cataluña como región que se ha vuelto un foco cada vez mayor del extremismo islamista.

En esa ciudad residen un cuarto de los dos millones de musulmanes que viven en España lo que ha atraído cada vez más migrantes musulmanes desde Marruecos, Algeria y el sudeste asiático. Sin embargo, han tenido problemas para integrarse y a muchos les han atraído las mezquitas salafistas (rama ultraconservadora del sunismo) que surgieron en pueblos y ciudades pequeñas de la zona.

En un cable diplomático de 2007, por ejemplo, funcionarios del Departamento de Estado alertaron que el área se había vuelto un “imán para reclutadores terroristas” debido a la alta población de inmigrantes musulmanes masculinos, no casados y desafectos.

“Hay algo de historia ahí”, dijo Lorenzo Vidino, director del Programa sobre Extremismo de la Universidad de Washington y autor de un estudio sobre el salafismo en Cataluña. “Si te fijas en un mapa, el poblado más cercano a Cambrils es Salou. La distancia puede recorrerse a pie. Y Salou es donde Mohamed Atta tuvo su última reunión en Europa antes del 11 de septiembre”, dijo. Atta era el piloto del primer avión que se estrelló contra el World Trade Center de Nueva York y se cree que se reunió con alguien de Al Qaeda en Salou antes del atentado de 2001.

Un rezo en Málaga en honor a las víctimas del ataque en Barcelona, el viernes. Jon Nazca/Reuters

Sin embargo, España no había sido un foco principal para los militantes islamistas. Aunque es parte de la OTAN, el país tuvo una participación menor en las guerras estadounidenses en Irak y Afganistán y, aunque interceptaron células terroristas de manera agresiva, los líderes españoles han enaltecido los esfuerzos por integrar a los musulmanes a la sociedad.

En España tampoco se ha visto un surgimiento tan marcado de movimientos políticos de línea dura y antimusulmanes que existen en otras partes de Europa.

Se cree que 200 residentes españoles han viajado a Siria e Irak para sumarse a las filas combatientes, pero eso es apenas una fracción de los cientos de británicos o franceses que han hecho lo mismo.

No obstante, España tiene un atractivo simbólico para los islamistas debido a su historia de un califato y la presencia musulmana entre los siglos VIII y XV en Al-Ándalus; en sitios web de extremistas hay referencias a los deseos de regresar a ese territorio musulmán medieval.

Pese a los esfuerzos de integración, España se enfrenta a corrientes extremistas en sus comunidades marroquíes, tal como los británicos lo hacen con las comunidades paquistaníes o los franceses con los residentes de ascendencia tunecina o argelina.

El problema está relacionado a la relación histórica combativa entre España y Marruecos, de donde proviene la mayoría de la migración musulmana.

Las vallas que separan a Marruecos del enclave de Melilla. Santi Palacios para The New York Times

Prácticamente, todos los sospechosos de los ataques en Barcelona y Cambrils han sido identificados como marroquíes o de ascendencia marroquí. Al igual que el autor intelectual y otros perpetradores de los atentados de París en noviembre de 2015 y de quienes metieron las bombas al aeropuerto de Bruselas el 22 de marzo del 2016.

Ayoub el Khazzani, un hombre nacido en Marruecos que vivía en el sur español, fue detenido por los demás pasajeros de un tren que iba de Ámsterdam a París en agosto de 2015 cuando abrió fuego con un rifle kaláshnikov. Se cree que Khazzani se radicalizó en una mezquita en Algeciras, en España.

Más de 1600 marroquíes se han sumado a las filas del Estado Islámico en Siria y Libia, de acuerdo con las autoridades de Marruecos, y los expertos en seguridad creen que todavía hay cientos de simpatizantes del grupo extremista en territorio marroquí.

“Lo impresionante es que no haya sucedido un ataque así en Marruecos”, dijo Issandr el Amrani, analista de International Crisis Group, que hace poco publicó un estudio sobre las actividades del Estado Islámico en el norte africano.

El Saladillo, en Algeciras, es donde se cree que se radicalizó Ayoub El Khazzani, quien abrió fuego en 2015 en un tren en París. Laura Leon para The New York Times

El antiterrorismo español depende mucho de la cooperación con las fuerzas de seguridad marroquíes. Amrani dijo que estas últimas se han infiltrado y tienen una fuerte presencia en comunidades migrantes de toda Europa por medio de informantes, pese a que algunos grupos de derechos humanos han expresado reservas sobre sus métodos.

Sin embargo, la asistencia también depende de la relación política entre ambos países, que tiene una considerable tensión por la situación en los enclaves de Ceuta y Melilla y la disputa sobre la región del occidente del Sahara.

El gobierno español ha reducido los gastos en otras áreas, pero ha aumentado tanto el personal como el presupuesto para sus servicios de inteligencia. La legislación antiterrorista también les ha permitido detener a sospechosos de terrorismo en fases tempranas de un posible ataque; antes que lo que se permite en, por ejemplo, el Reino Unido.

Hasta los atentados en Barcelona, habían sido arrestadas 54 personas este año por sospechas de actividad terrorista en España.

Sin embargo, como sucede en tantas otras partes, los españoles están sobrepasados por la cantidad de tramas potencialmente terroristas que tienen que monitorear, según Seth G. Jones, especialista de RAND Corporation.

“Están abrumados por la cantidad de pistas”, dijo. “No pueden cubrir todos los casos abiertos”.

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